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¿Qué futuro le espera al champán? El análisis económico de Olivier Gergaud
Champán 2040: entre ciclos económicos, transición ecológica y creación de valor
Profesor de economía en KEDGE Business School (París y Burdeos), profesor adjunto en la Universidad de Nueva York durante el verano y docente en la Escuela Hotelera de Lausana, nuestro interlocutor observa la Champaña con la mirada precisa del economista y la sensibilidad del apasionado del vino. Desde hace más de diez años analiza las dinámicas de mercado, los comportamientos de los consumidores y las decisiones estratégicas de las grandes regiones vitivinícolas. Para Sparkling News, ofrece una lectura profundamente comprometida sobre el futuro del champán.
"La caída actual es coyuntural, no estructural"
La reciente disminución de las ventas de champán no refleja, según él, una pérdida duradera de atractivo. Se inscribe en un ciclo bien conocido. El champán es un producto de celebración, extremadamente sensible a los choques externos. Pandemias, guerras y crisis económicas frenan mecánicamente el consumo. La historia reciente lo ha demostrado: tras la Covid, las ventas repuntaron con fuerza en cuanto disminuyó la ansiedad colectiva, primero en Australia y luego en el resto del mundo.
Las señales a vigilar son ante todo geopolíticas y macroeconómicas. Una desescalada duradera de los conflictos internacionales, un clima político menos anxiógeno en Europa y una recuperación de la confianza de los hogares favorecerían inmediatamente el consumo.
Francia sigue siendo un mercado clave, representando aproximadamente el 43,6 % de las ventas en 2024. La incertidumbre política y económica pesa directamente sobre los volúmenes.
Olivier Gergaud también observa indicadores más finos, como las herramientas de análisis de la demanda en línea. Google Trends, por ejemplo, permite medir el interés mundial por la palabra «champán» y anticipar cambios de tendencia, identificando los países donde el interés —y, por tanto, potencialmente las ventas— es más elevado.
En Estados Unidos, primer mercado de exportación en 2024 con 27,47 millones de botellas, la situación es más compleja. La caída del dólar, el aumento de los aranceles sobre los productos europeos y, sobre todo, el elevado nivel de los tipos de interés penalizan fuertemente el consumo. El sistema de hipotecas a tipo variable provoca un choque de poder adquisitivo para muchos hogares estadounidenses, lo que frena el gasto festivo, champán incluido.
Los mercados clave de aquí a 2040
El champán es un bien de lujo en el sentido económico del término: su consumo reacciona fuertemente a las variaciones de renta. En China, la elasticidad estimada es de 2,86: un aumento del 1 % de la renta genera casi un 3 % de incremento en las ventas de champán. Lo contrario también es cierto en periodos de desaceleración.
A pesar del fuerte retroceso de las importaciones de vino en China desde 2019, el potencial sigue siendo enorme. El tamaño de la población, el creciente interés por la cultura del vino en las grandes metrópolis y la llegada de estudiantes chinos a Francia para formarse en gestión vitivinícola son señales positivas a largo plazo.
India presenta un perfil similar, aunque con un desfase temporal. La población es inmensa, la riqueza aún está desigualmente distribuida, pero el interés por el vino crece entre las élites urbanas. A más largo plazo, algunos países africanos, como Nigeria, también podrían desempeñar un papel relevante, siempre que el crecimiento económico y la estabilidad política permitan la aparición de una clientela solvente.
Crear valor antes que volumen
Para la Champaña, el futuro no pasa claramente por el aumento de los volúmenes, sino por la subida en calidad y en valor. Esta dinámica ya está en marcha. El calentamiento climático ha mejorado la madurez de las uvas, mientras que el saber hacer continúa progresando.
Una nueva generación de viticultores independientes ha transformado profundamente el panorama. Trabajo del suelo, biodinámica, vinificaciones precisas: estos productores logran hoy competir en precio y reputación con las grandes casas en mercados muy maduros. Las estrellas de la denominación ya no son únicamente las marcas históricas, sino también nombres imprescindibles para los conocedores.
El precio del champán: atención al punto de ruptura
El aumento continuo de los precios plantea, no obstante, interrogantes. En torno a los 20 euros, el champán de entrada de gama se enfrenta a una competencia severa, tanto de otros vinos espumosos como de vinos tranquilos de gran calidad, a menudo más virtuosos desde el punto de vista medioambiental.
El riesgo reside en un uso excesivo del precio como señal de calidad, combinado con una gestión artificial de la escasez. Hoy en día, los consumidores están mucho mejor informados que hace treinta años. Aplicaciones, guías, catas y enoturismo hacen que el precio ya no sea el único referente.
El ejemplo de Burdeos sirve de advertencia. Una subida de precios percibida como desconectada de la calidad y de los esfuerzos medioambientales ha dañado de forma duradera la imagen de la región. La Champaña aún tiene la capacidad de evitar este escollo, siempre que mantenga un vínculo claro entre calidad, volúmenes y precios.
Seducir a la Generación Z: claridad y credibilidad
La Generación Z consume menos alcohol, pero concede una importancia fundamental al medio ambiente y a los valores. La viticultura sostenible en la Champaña ha permitido avances reales, pero no puede sustituir a certificaciones reconocidas como la ecológica o la biodinámica.
Con alrededor del 8 % del viñedo certificado como ecológico, la Champaña sigue rezagada frente a otras regiones francesas. La ausencia de una hoja de ruta clara y legible en materia de transición ecológica supone un riesgo importante para la credibilidad futura de la denominación.
El consumidor acepta pagar más, siempre que entienda por qué. Transparencia, respeto a los vendimiadores y coherencia entre prácticas medioambientales y políticas de precios se han vuelto inseparables de la imagen de marca.
Formar, acoger, contar
La educación del consumidor es una palanca esencial. Las formaciones en línea impulsadas por la interprofesión son útiles, pero el principal reto reside en el enoturismo. Acoger, explicar y mostrar el trabajo en el viñedo y en la bodega crea un vínculo duradero.
La clasificación de la UNESCO ha reforzado el atractivo de la región, pero también impone un deber de ejemplaridad. Recibir visitantes es un oficio en sí mismo, que requiere competencias específicas, lingüísticas y culturales.
Siguiendo el ejemplo de Burdeos o Alsacia, la creación de espacios de degustación impulsados por la interprofesión podría reforzar el vínculo entre productores y consumidores, poniendo en valor la diversidad y la calidad de los champanes.
Espumosos ingleses, champán y prosecco: una competencia de geometría variable
Según él, los consumidores que descubren los vinos espumosos a través de los sparkling wines ingleses representan un nuevo público que, a largo plazo, también puede interesarse por el champán. Estos aficionados pueden moverse entre las producciones de Kent y las de la Champaña.
La competencia más directa en la gama baja sigue siendo el prosecco, pese a la existencia de cuvées de alto nivel. Debido a las variedades de uva utilizadas, el perfil aromático del prosecco es sensiblemente distinto al del champán, lo que sitúa a ambos productos en una lógica de complementariedad en el segmento premium más que de sustitución. En cambio, en la entrada de gama y para ciertos usos, el prosecco tiende a captar cuota de mercado en detrimento de champanes más caros y, en ocasiones, menos exigentes en términos de calidad.
Una reputación construida sobre la historia y el movimiento
Si el champán sigue siendo el vino espumoso más admirado del mundo, se debe a una historia única, a una ventaja de pionero y a marcas poderosas. Pero esta reputación se alimenta hoy también del renacimiento impulsado por viticultores comprometidos, prácticas más respetuosas con el medio ambiente y una comunicación moderna.
El cambio climático, paradójicamente, abre nuevas posibilidades: vinos de parcela, expresiones de terruño más legibles, estilos más variados. El champán se vuelve menos monolítico, más vivo y más cercano a lo que buscan los aficionados actuales.
La palanca decisiva de cara a 2040
Para conservar su liderazgo mundial, la Champaña deberá conjugar cinco exigencias: respeto a las partes interesadas, compromiso medioambiental creíble, mejora continua de la calidad, excelencia en la acogida y una política de precios coherente.
La competencia no es una amenaza en sí misma, sino un motor. Siempre que se acepte con confianza, empuja a la Champaña a reinventarse sin renunciar a lo que la hace única. Y es precisamente en esta capacidad de adaptación colectiva donde reside, según él, el futuro del champán de aquí a 2040.
